Pirineos Sur celebró en Lanuza la gran fiesta de la música gitana con cuatro conciertos sin tregua

.“Vamos a intentar que lo paséis bien”. Con estas palabras de Diego Carrasco dio comienzo la noche más festivalera de Pirineos Sur:“Gitano Mix”. Y seis horas de música ininterrumpida y un público más que entregado convirtieron en realidad su promesa. Pasaron por el Anfiteatro de Lanuza las mayores estrellas de la música gitana, cada uno con su propio sello: el descarado flamenco rock de Diego Carrasco, los infalibles hits de los Gipsy Kings de André Reyes, el trap aflamencado de Chavea Music Factory y los ritmos electrónicos y balcánicos de Shantel. Y sí, las más de 2.000 personas que acudieron a la cita disfrutaron con la noche más divertida del festival.

Diego Carrasco regresaba a Pirineos Surpor tercera vez y la ocasión no podía ser más festiva: la gira de su cincuenta aniversario como artista. Ese fue el espíritu de la actuación, en la que no faltaban amigos y familia: su sobrino Maloko (fantástico en su primera colaboración, “Probe de mí”), su hijo Ané Carrasco (a la percusión), Carmen Amaya (derrochando talento en “Vida y gloria”) y el resto de su banda habitual.

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Con los arreglos rock que le caracterizan y su gran desparpajo, Diego Carrasco comandó una actuación en constante progresión, que supo a poco. Y más teniendo en cuenta, que finalizó con unas estupendas “Alfileres de colores” y “Hippytano”.

Pero llegaba entonces uno de los platos fuertes de la noche. La estampa de una imponente fila perfectamente alineada de seis guitarras españolas encabezada por André Reyes casi causaba respeto. Pocas bandas pueden presumir de una ristra de éxitos como los Gipsy Kings y que en poco menos de media hora resuenen en el Pirineo “A tu vera”, “Djobi Djoba” o “Caramba” no puede causar indiferencia  en ninguna cadera.

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Pero los Gipsy Kings de André Reyes son mucho más que una máquina de regalar éxitos, es una banda muy engrasada formada por excelentes músicos (la labor de Chico Castillo fue encomiable) que sabían impregnar matices y manejar el ritmo. Ahí estaban los melancólicos medios tiempos de “Un amor” y “Ramito de violetas” y la magnífica “Pharaon”, con Mario Reyes demostrando destreza a las seis cuerdas. No pudimos disfrutar su mítica versión de “Hotel California” de The Eagles, pero nos regalaron un espléndido “Myway”, con el que André demostró sus excelentes dotes vocales.

Por supuesto, los gritos, las palmas y los bailes más entregados llegaron con las infalibles “Bamboleo” y “Vamos a bailar”, que colocaron estratégicamente para la recta final del concierto. En total, una hora y media de rumba, desenfadada, ejecutada a la perfección y altamente disfrutable, unos adjetivos de que los que pocos del mismo género pueden alardear. Un lujo del que solo Pirineos Sur ha podido disfrutar este verano.

La fiesta continuaba, pero tocaba viajar al presente más rabioso, y este es del colectivo Chavea Music Factory. El trap ha llegado para quedarse, toda una generación se ha empapado de estos ritmos y eran cuestión de tiempo que el virus infectase el flamenco. Moncho Chavea, Elías Original y Omar Montes es un trío de Madrid, de los barrios de Pan Bendito y  Cañorroto, y desde allí han dado con la fórmula para mezclar ambos géneros, pero añadiendo pequeñas dosis de reggaetón y electrónica.

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Llegaron a Pirineos Sur con hambre de éxito. Acababan de regresar de un festival de New York y sabían que era su momento, que el Anfiteatro de Lanuza podía ser su trampolín definitivo. Aún ni tienen un disco publicado, pero sus reproducciones en Youtube se cuentan por millones, acaban de fichar por Warner y tienen sus canciones perfectamente trabajadas.

Encandilaron y descolocaron por igual, es el precio de ir por delante, el peaje que se paga por romper barreras estilísticas y, precisamente, ese es el espíritu de Pirineos Sur.. Tienen el flow, tienen la actitud y tienen una envidiable juventud. Con el concierto como el que entregaron ayer tienen un futuro más que prometedor.

Tocaba un remanso de paz después de ya más de cuatro horas de música. Y mientras escuchábamos un remix del “Crystalline” de Bjork, una apisonadora rítmica con matrícula balcánica atropelló a un desprevenido público. Las 2.000 personas que se apelotonaban al borde del pantano de Lanuza se entregaron en cuerpo y alma a Shantel y su Bucovina Club Okestar, que resultaron el cierre perfecto para Gitano Mix.

Shantel, aunque parte del mundo de la electrónica alemana, es un sabio conocedor de la  tradición balcánica y lleva años entregando trepidantes conciertos como el de ayer, en el que dejó muy de lado su faceta de DJ para otorgar todo el protagonismo a su banda de vientos y a su vertiente como cantante, guitarrista y esmerado frontman.

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“Disko Partizani” comenzó a elevar los ánimos y el éxito se apuntaló con un repertorio muy acertado que supieron manejar entre la música balcánica, el ska y el dub. Cuando sonó “Bucovina” y sus guiños a “Bella ciao” llegó el momento álgido de este “Gitano Mix”, que finalizó como la gran fiesta que era: un numeroso público sobre el escenario con los músicos y una versión del clásico “Monkey man”. Shantel se despidió en su segunda visita a Pirineos Sur de la misma manera que la primera: por la puerta grande.

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