Entrevista a Jorge Drexler

Con el lanzamiento de “Salvavidas de hielo” -septiembre 2017-, Jorge Drexler volvió a poner sobre la mesa sus inquietudes líricas y sonoras, con un álbum dedicado a explorar por completo la sonoridad de la guitarra. A comienzos de 2019, Drexler se embarcó en la gira ‘Siliente’, con la que todavía continúa cuando casi se cumplen dos años del lanzamiento de su exitoso último disco, el decimotercero de su dilatada trayectoria musical. Sin embargo, para su concierto del sábado 20 en Pirineos Sur dejará de lado momentáneamente ese formato y se subirá al escenario flotante con su banda al completo.

Te has embarcado en la gira “Silente”, en la que actúas tú sólo. ¿Qué es lo más difícil de afrontar un concierto así?

Que toda la presión del directo está en una sola persona y hay que estar con todos sentidos en alerta mucho rato, no hay tiempo posible de distracción. Es un tipo de concierto muy exigente con la voz y con las manos. He apostado por este formato simplemente por contraste con la anterior. Cuando actúo con banda es una explosión de música; ahora buscaba una implosión. Me gusta mucho moverme por contrapeso. Sin embargo, en Pirineos Sur actuaré con mi banda al completo, muy fogueada, tal y como hicimos la gira del año pasado.

El exitoso “Salvavidas de hielo” ya tiene casi dos años. Visto ahora con perspectiva, ¿cómo crees que ayudado a tu carrera?

Un éxito así se vive con mucho agradecimiento. No siempre se recibe un cariño así, por lo que es un privilegio y hay que celebrarlo. Estoy muy contento con él, pero no solo en lo que ha ayudado en mi carrera, sino también por los logros personales y artísticos. Quien tiene la suerte de grabar una canción y defenderla en vivo, el premio es esa conexión con el público. Ese es el verdadero regalo de este trabajo.

Su título me parece muy bonito, por esa contradicción de salvavidas efímero. ¿Qué es lo que buscabas con esa metáfora?

Alude a aquellas cosas que, aunque sabemos que son efímeras, nos regalan pequeños estados de gracia; nos mantienen a flote, a salvo de zozobras, por un rato. Es una oda a lo efímero, de hecho. Una manera de valorar las alegrías, intermitentes de la vida. También elegí ese título porque me gustan las paradojas: un salvavidas que contiene su propia disolución. Agua flotando sobre agua. Un único elemento en el título, así como el disco tiene a la guitarra como único elemento sonoro y al bolígrafo BIC azul como único elemento gráfico.

En tu último disco colaboras con Mon Laferte, que también actúa en Pirineos Sur y es una de las artistas latinas con más proyección, ¿cómo surgió colaborar con ella? ¿Qué es lo que tu crees que te pudo aportar?

La verdad es que tuve mucha suerte de que ella y otras dos talentosísimas amigas estuvieran en Ciudad de México mientras estábamos ahí grabando parte del disco. Y fueron muy generosas, porque las tres estaban en medio de muchísimos viajes y trabajo y se acercaron con todo su cariño al estudio a grabar conmigo. Cada una con su personalidad llevó a cada canción en la que participó a lugares a los que no hubiera podido llegar solo. Esa es la razón por la que uno invita a alguien a participar en un disco: para crecer humana y artísticamente.

Regresas a Pirineos Sur después de más de 10 años, ¿qué recuerdas de ese concierto?

Fue en 2007, presentando “12 segundos de oscuridad”. Fue un show más melancólico, ahora ofrecemos algo más festivo. Tocar en un lugar como el escenario flotante de Lanuza es algo mágico. Posee cierta poesía presentar un disco que se llama “Salvavidas de hielo”.

Pirineos Sur es el Festival Internacional de las Culturas y tú eres un perfecto ejemplo del mestizaje de la música. En tu discurso al recoger un Grammy, lanzaste un alegato a los nuevos ritmos latino, ¿cómo valoras estas nuevas músicas? 

Me alegro de haberlo dicho. Existía cierta tensión entre dos bandos. Digamos entre el pop tradicional contra las nuevas músicas urbanas. Yo no entiendo de tensiones más de allá de las que existen en la música. Yo no tengo enemigos. Solo estoy en contra de los intolerantes, homófonos, fabricantes de minas anti persona… No veo ninguno en el mundo de la música. No conozco ningún género malo, solo malas canciones. No es una cuestión de género lo que determina que compre un disco; yo no escojo por estilo, sino por los individuos.

 ¿Algún artista en concreto que te llame la atención?

Si tuviera que escoger a uno sería a Tego Calderón. “Abayrde”, de 2003, es una obra maestra de la música latinoamericana. Sin salir de Puerto Rico, también me gustan mucho Calle 13. Existen elementos del reggaetón que no me gustan, pero el ritmo me parece algo prodigioso. Esta base rítmica tiene un gran poder.

Has escrito “Pongamos que hablamos de Martínez” como homenaje a Joaquín Sabina. ¿Crees que es algo que tenías pendiente?

Siempre tengo varías… Es que uno no escribe sobre lo que quiere cuando quiere, sino sobre lo que puede cuando puede. Las canciones tienen sus propios plazos. Esta canción se demoró 22 años y 30 minutos. La escribí en media hora, pero 22 años tarde. Apenas la tuve hecha, se la mandé a Joaquín en un mensaje de audio. Esa era su primera función: agradecer. Hay que saber agradecer a las personas que nos impulsa. Hay que celebrar las interacciones enriquecedoras. Sin duda, si Joaquín no me hubiera dado el consejo de dejar todo en Montevideo, quizá mi vida y mi música serían muy diferentes hoy.

Has ganado un Oscar, cinco Grammys, multitud de premios y tus últimas giras han sido un rotundo éxito. ¿Crees que se puede decir que hayas tocado techo?

A mí me parece muy importante no medir las alegrías en términos cuantitativos. Me da mucho miedo hacer eso porque cuando pienso en alturas me viene el vértigo. Si estás arriba, solo te queda bajar. Prefiero pensar que mi carrera es un proceso, no quiero puntuarla. Del mundo de las expectativas nunca se sale bien parado. Es peligroso que las expectativas se cumplan porque puede quedar un vacío difícil de llevar. A veces, es más difícil sobreponerse a un éxito que a un fracaso.

Y a pesar de este tremendo éxito y tu seguida vida social, siempre te has apartado de los grandes focos mediáticos. ¿Cómo alguien así lo consigue? 

Aunque me encanta hablar con el público antes y después de los conciertos, con mi vida privada soy muy pudoroso. Siempre he sido así, incluso con mis padres: reservado con mis afectos y asuntos privados. Ya cuento bastante en las canciones. No todas son autobiográficas, pero todas pasan por mí. Y eso cuenta mucho. Este es un trabajo en el que ya cuentas bastante de tu vida, por ejemplo, con esta entrevista. Pero yo he hecho este pacto con los medios de difusión y beneficia a los dos extremos. Los miembros de mi familia no están en ese pacto, no les aportaría nada. Jamás pondría ninguna foto de mis hijos en redes sociales para sacar un beneficio, aunque sé que existe interés. Cuando sean mayores ya decidirán ellos.

 ¿Qué planes tienes para cuando finalice esta gira?

En algún momento me pondré a componer. Ya siento la necesidad, pero no tengo espacio mental ni temporal. Es maravilloso estar de gira, pero es muy agotador y no puedo componer. Requieren mucha energía social. No puedo encerrarme en mi habitación, no tengo esa disciplina. Cuando visito otros países, me lanzo a conocer sus lugares, gente, comida…. Sin embargo, es una época que sirve para inspirarme. Otro de los retos que me he propuesto para ya es volver a tocar el piano, 40 años después. Me gustaría llegar a punto para mi próximo disco, pero lo veo difícil.

Por supuesto, uno de tus rasgos más distintivos son tus cuidadas letras. En estos momentos de tu vida, ¿qué temas son los que te interesan tratar?

Muchas gracias. Me alegro que me lo digas, porque me dan mucho trabajo, es muy difícil. En los dos primeros discos buscaba un letrista, para no tener que enfrentarme a la hoja en blanco. Con el paso del tiempo, me di cuenta que solo me sentía cómodo con mis letras, a mi pesar. Yo creo que lo más importante es aprender a perderle el miedo. Una canción nace de la nada. Es un algoritmo, es un mecanismo para provocar emocionas, y evoluciona gracias al paso del tiempo y las personas. Puede que una canción trate de un tema, pero por circunstancias de la sociedad pase a significar otra cosa. Por ejemplo, eso sucede con mi canción, “La milonga del moro judío”. No significa lo mismo que durante la guerra de Irak, o la de Gaza, ni en esta época de migraciones, ni en los momentos de resurgimiento de algunos nacionalismos, ni intolerancia religiosa. Es un ejemplo de canción que se transforma por el ecosistema en el que se mueve. Yo no suelo escribir canciones temáticas. Yo escribo palabras y las voy hilando como se crea un collar. Me dejo llevar hasta que me doy cuenta de que surge un tema en concreto. Trabajo con asociación libre. Soy muy abierto y cualquier momento cotidiano puede llevarte a hacer una canción.

top