CESARIA ÉVORA, DULCE MATIAS Y TITO PARIS PROTAGONIZARON UNA NOCHE ESPECIAL SOBRE CABO VERDE EN EL AUDITORIO DE LANUZA

(Lanuza, 23 de julio de 2004).- A sus más de 60 años, Cesaria Évora derrocha y transmite energía por todos su poros. Durante hora y media, permaneció –descalza, por supuesto- en el escenario y demostró por qué es la reina de la morna, esos temas cargados de tristeza y melancolía, de amores rotos y sentimientos frustrados, de la saudade característica del fado, que interpreta como nadie. Esta serena mujer, que no ha parado de fumar desde hace 40 años, encandiló a los casi 3.000 espectadores que se dieron cita ayer en el Auditorio Natural de Lanuza, en una muy agradable noche. Entre ellos se encontraba el presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, impulsor hace trece años del Festival Pirineos Sur, cuando era presidente de la Diputación de Huesca. Évora hizo un repaso a su último álbum “Voz d’Amor” y a temas clásicos de su carrera, acompañada por siete excepcionales músicos, entre los que no faltaba el piano, el violín, el saxofón o el tradicional cavaquinho. Además de la morna, la divina descalza se arrancó en algún momento con ritmos más alegres y bailables como la coladera y versiones de clásicos como el “Bésame mucho”. Antes de Cesaria Évora, salieron al escenario flotante de Lanuza otros dos artistas de Cabo Verde –y de la misma isla-, Dulce Matias y Tito Paris (compositor en algunos discos de Cesaria). El peso de esta primera parte lo llevó la dulce voz de Matias, quien interpretó una decena de temas, algunos pertenecientes al nuevo disco que lanzará después del verano. Dulce y Tito cantaron dos canciones juntos y Paris otras dos en solitario. Fue otra excelente muestra de la música que da al mundo este pequeño archipiélago. En el caso de Dulce Matias, con más influencia de los ritmos brasileños que de los africanos. Los tres artistas ya habían actuado con anterioridad en Pirineos Sur. Évora hace 0 años, cuando todavía no había logrado su fama actual. Tito Paris, en 997, y Dulce Matias, en el año 2000.

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